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 Deje de pensar como GORDO

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Najhaby_Admin
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MensajeTema: Deje de pensar como GORDO   Vie Feb 27, 2009 10:20 am

Por: Anna Paula Buchalla

No tiene nada de mágico. Para perder los kilos de más, la terapia cognitivo-conductual ofrece un camino: dejar de pensar como gordo y comenzar a pensar como flaco.



Si está pensando en internarse en un spa para bajar de peso, es importante que conozca dos detalles. Primero, que usted muy probablemente recuperará los kilos que pierda cuando vuelva a la rutina diaria. Y segundo, que los spas pueden ser islas de fantasía. En un ambiente con cero estrés, alimentación controlada prescrita por nutricionistas, y una intensa programación de actividad física es más fácil distraerse cuando atacan los antojos.

Cuando aparece el recuerdo de un chocolate y la nostalgia por el budín preparado por su madre, en un spa tiene la opción del masaje relajante, de una tina caliente o de la conversación catártica con la gordita de al lado, que al igual que usted suda frío al pensar en un pie de frutilla. En el mundo real, todo conspira a favor del exceso de comida y del sedentarismo. La comida rápida a la hora del almuerzo, el postre en la mesa del compañero de trabajo, la nevera lista para ser atracada, el sofá confortable con el televisor al frente… ¿Cómo resistirse? La clave estaría en pensar.

No se ofenda.

Es obvio que usted piensa hasta en aspectos filosóficos de la vida. Pero ¿será que piensa correctamente en lo que se refiere a su apariencia? O mejor, ¿está “pensando gordo” en lugar de “pensar delgado”? Pensar como flaco (vamos a abolir las comillas como un exceso adiposo) significa, básicamente, reprogramar su cerebro para que empiece a dominar al hambre o a la simple gula hasta el punto en que usted pueda ignorar un plato de pernil de la misma forma que desprecia a aquella amiga chismosa. Reprogramar el cerebro no implica someterse a choques eléctricos o unirse al budismo-zen. Necesita enfrentarse a las frituras, piqueos, dulces y pastas sin trampas y sí, con alguna altivez.

No intente olvidar su existencia porque finalmente, el mundo no es un spa. La resistencia mental definitiva es lo que predica la terapia cognitivo-conductual (TCC), hoy considerada el tratamiento de primera línea contra el exceso de peso. “Cuanto más resistimos los deseos de comida, éstos serán menos frecuentes”, sostiene la psicóloga americana Judith Beck, autora del libro Piense delgado: la dieta definitiva de Beck.

El objetivo de la TCC es, por medio de la combinación del enfrentamiento y la resistencia, “desconectar” los comandos cerebrales que accionan los pensamientos distorsionados, que llevan a las personas a comer en exceso. De hecho, la mayoría de veces, las personas que piensan gordo lo hacen por causa de una asociación subjetiva entre comida y determinados sentimientos.
Hay las que comen porque están felices y las que comen porque están infelices. Existen también las personas que se empachan porque están en una fiesta y ven a los demás comiendo y las que comen excesivamente porque están completamente solas.

Lograr desconectar apetito y situación es la clave de la terapia cognitivo-conductual. El programa propuesto por Judith Beck establece seis semanas –exactamente 42 días– de ejercicios prácticos para desprogramar el cerebro del deseo injustificado de comer. ¿Usted confunde hambre con gula? Uno de los ejercicios ayuda a diferenciar una de la otra, al que piensa gordo. ¿Apenas termina el almuerzo ya está pensando en la cena? Judith enseña a vivir como las personas delgadas, que sólo piensan en comida en la hora establecida.

Judith es hija del psiquiatra Aaron Beck, fundador en los años 60, de la terapia cognitivo-conductual. En la visión de los adeptos a este método, gran parte de los disturbios psíquicos, como la depresión, la ansiedad y las fobias, se debe a interpretaciones erróneas del mundo concreto. Así, el sustrato de la TCC es la exposición de la persona a la realidad que la afecta, de modo que pueda reaccionar proporcionalmente a ella. En general, el plazo es de 20 sesiones.

En el tratamiento de fobias, por ejemplo, se enfrenta el paciente con el objeto de su miedo exagerado. Si la fobia es a los perros, la persona que tiene miedo “desaprende” a temer al animal entrando en contacto directo con él.

Judith sugiere que el compulsivo por comida la enfrente como quien se expone a la fobia a los perros. La base de la terapia cognitivo-conductual, cuyos índices de éxito son altas, se remontan a las teorías del médico ruso Ivan Pavlov (1849-1936) y a las del psicólogo americano Burrhus Frederic Skinner (1904-1990), precursores del “behaviorismo”.

Pavlov formuló la tesis del reflejo condicionado, según la cual la repetición constante de un estímulo “enseña” al sistema nervioso a responder invariablemente de la misma forma. Su teoría fue elaborada a partir de estudios con perros que eran alimentados después que él daba una campanada.

Con el tiempo, Pavlov constató que bastaba con tocar la campana para que los animales salivaran.

Skinner, por su parte, llegó al concepto de condicionamiento operante por medio de experiencias con ratones de laboratorio. Cuando los roedores aplastaban un botón, una portezuela con comida se abría. Los ratones, finalmente, aprendieron que para comer era necesario presionar el botón. La diferencia entre el reflejo condicionado de Pavlov y el condicionamiento operante de Skinner es que el primero es una respuesta a un estímulo netamente externo (la campana que se toca, el perro que empieza a salivar), mientras que el segundo es el hábito producido por una acción extraña a la naturaleza del animal (el ratón que aplasta el botón para comer). En la terapia cognitivo-conductual, para simplificar, la campana y la portezuela serían los estímulos (o desestímulos) que destruyen la tendencia enfermiza, sea a través del enfrentamiento calculado del que tenga la fobia con el objeto del miedo o por medio del auto-elogio de quien se resiste a una comida grasosa.

Por ser un programa de entrenamiento psicológico, el libro Piense como delgado, es un manual sobre dieta sin ninguna receta alimenticia. Su autora no recomienda ni condena ningún alimento.

Ella dice que con una programación mental adecuada cualquier dieta razonable funciona permanentemente. La psicóloga comenzó a utilizar el método para el control de peso hace 20 años, en pacientes psiquiátricos que engordaban por causa de los efectos colaterales de medicamentos. Aunque la ansiedad integre la personalidad de casi todos los ansiosos, la terapia cognitivoconductual, al contrario del psicoanálisis, no sale en busca de los motivos que llevan a una persona a ahogar las penas en un plato de espagueti. Simplemente enseña cómo anular los pensamientos que engordan.

“Yo era de los que siempre hacía una pausa para picar. Cualquier cosa era motivo para dejar lo que estaba haciendo e ir por un sánduche”, cuenta una seguidora. Hace casi cuatro años, ella cambió su relación con la comida. Por medio de la TCC, consiguió regular sus elecciones, antes marcadas por la compulsión. Ahora, su palabra de orden es organización. Ella sabe exactamente qué y cuánto va a comer a lo largo del día y, obedeciendo a los dictámenes de la terapia, anota minuciosamente todas las comidas, incluso aquellos “piqueos extras”.

Perdió 31 kilos desde entonces y no los recuperó más. “Sólo de saber que tendrá que anotar los errores y los excesos alimenticios cometidos, la persona piensa dos veces antes de comer exageradamente”, dice el endocrinólogo Walmir Coutinho, vicepresidente de la Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad.

Judith mantiene desde hace 10 años el mismo peso –52,5 kilos distribuidos en 1,61 metros– gracias, según ella, a la terapia cognitivo-conductual. La ex gordita (pesaba ocho kilos por encima de su peso ideal) ahora piensa como delgada. Y reafirma que nadie se mantiene delgado sin ningún sacrificio dietético. Aun no hay estudios sobre las alteraciones en la química cerebral de quien practica la TCC para adelgazar, como ocurre con los pacientes depresivos que recurren a la terapia. Pero las investigaciones clínicas son reconfortantes. La más célebre fue llevada por investigadores suecos, con dos grupos –en 10 semanas, aquel que se sometió a la terapia perdió ocho kilos, promedio. Pasados 18 meses, el 92 por ciento de los participantes había adelgazado aun más. El grupo de control, que sólo hizo dieta, volvió a engordar después de un año y medio.

Doblegar la compulsión por comida es una de las tareas más difíciles. Para tener una idea de su grado de complejidad, la línea más reciente de investigaciones sobre los mecanismos de la obesidad la compara al vicio, ya que envuelve al sistema cerebral de recompensa. “En los obesos, el metabolismo cerebral es muy semejante al de los que tienen vicio por las drogas”, dice Iván de Araujo, neurofisiólogo e investigador de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, en Estados Unidos. En el cerebro de los gordos, por una deficiencia en la actividad del neurotransmisor dopamina, el grado de recompensa generado por la ingestión de alimentos es menor que en el de los delgados.

Para sentirse satisfechas, algunas personas necesitan comer más. Es probable que nuevos estudios muestren que el recondicionamiento para pensar como delgado transforma la química cerebral. No hay nada de mágico en eso. No hay ninguna asociación entre el libro de Judith y El Secreto, de la australiana Rhonda Byrne que sostiene que la autoayuda a través de la máxima “pensamiento positivo”, opera milagros.

Pensar como delgado demanda empeño y disciplina. Se necesita cultivar mejor las emociones y adquirir nuevos comportamientos.

La pérdida de peso no se da de la noche a la mañana. En situaciones más difíciles, para prevenir las recaídas, seguir el manual no es suficiente. Se vuelve necesario recurrir a un especialista. “En el combate contra el exceso de peso, hay mucho trabajo por delante. Vaya a la lucha”, dice Mônica Duchesne, terapeuta cognitivo-conductual y coordinadora del grupo de obesidad y trastornos alimenticios de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

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MensajeTema: Re: Deje de pensar como GORDO   Sáb Mar 28, 2009 5:53 am

[quote="Najhaby_Admin"]Por: Anna Paula Buchalla

No tiene nada de mágico. Para perder los kilos de más, la terapia cognitivo-conductual ofrece un camino: dejar de pensar como gordo y comenzar a pensar como flaco.



Si está pensando en internarse en un spa para bajar de peso, es importante que conozca dos detalles. Primero, que usted muy probablemente recuperará los kilos que pierda cuando vuelva a la rutina diaria. Y segundo, que los spas pueden ser islas de fantasía. En un ambiente con cero estrés, alimentación controlada prescrita por nutricionistas, y una intensa programación de actividad física es más fácil distraerse cuando atacan los antojos.

Cuando aparece el recuerdo de un chocolate y la nostalgia por el budín preparado por su madre, en un spa tiene la opción del masaje relajante, de una tina caliente o de la conversación catártica con la gordita de al lado, que al igual que usted suda frío al pensar en un pie de frutilla. En el mundo real, todo conspira a favor del exceso de comida y del sedentarismo. La comida rápida a la hora del almuerzo, el postre en la mesa del compañero de trabajo, la nevera lista para ser atracada, el sofá confortable con el televisor al frente… ¿Cómo resistirse? La clave estaría en pensar.

No se ofenda.

Es obvio que usted piensa hasta en aspectos filosóficos de la vida. Pero ¿será que piensa correctamente en lo que se refiere a su apariencia? O mejor, ¿está “pensando gordo” en lugar de “pensar delgado”? Pensar como flaco (vamos a abolir las comillas como un exceso adiposo) significa, básicamente, reprogramar su cerebro para que empiece a dominar al hambre o a la simple gula hasta el punto en que usted pueda ignorar un plato de pernil de la misma forma que desprecia a aquella amiga chismosa. Reprogramar el cerebro no implica someterse a choques eléctricos o unirse al budismo-zen. Necesita enfrentarse a las frituras, piqueos, dulces y pastas sin trampas y sí, con alguna altivez.

No intente olvidar su existencia porque finalmente, el mundo no es un spa. La resistencia mental definitiva es lo que predica la terapia cognitivo-conductual (TCC), hoy considerada el tratamiento de primera línea contra el exceso de peso. “Cuanto más resistimos los deseos de comida, éstos serán menos frecuentes”, sostiene la psicóloga americana Judith Beck, autora del libro Piense delgado: la dieta definitiva de Beck.

El objetivo de la TCC es, por medio de la combinación del enfrentamiento y la resistencia, “desconectar” los comandos cerebrales que accionan los pensamientos distorsionados, que llevan a las personas a comer en exceso. De hecho, la mayoría de veces, las personas que piensan gordo lo hacen por causa de una asociación subjetiva entre comida y determinados sentimientos.
Hay las que comen porque están felices y las que comen porque están infelices. Existen también las personas que se empachan porque están en una fiesta y ven a los demás comiendo y las que comen excesivamente porque están completamente solas.

Lograr desconectar apetito y situación es la clave de la terapia cognitivo-conductual. El programa propuesto por Judith Beck establece seis semanas –exactamente 42 días– de ejercicios prácticos para desprogramar el cerebro del deseo injustificado de comer. ¿Usted confunde hambre con gula? Uno de los ejercicios ayuda a diferenciar una de la otra, al que piensa gordo. ¿Apenas termina el almuerzo ya está pensando en la cena? Judith enseña a vivir como las personas delgadas, que sólo piensan en comida en la hora establecida.

Judith es hija del psiquiatra Aaron Beck, fundador en los años 60, de la terapia cognitivo-conductual. En la visión de los adeptos a este método, gran parte de los disturbios psíquicos, como la depresión, la ansiedad y las fobias, se debe a interpretaciones erróneas del mundo concreto. Así, el sustrato de la TCC es la exposición de la persona a la realidad que la afecta, de modo que pueda reaccionar proporcionalmente a ella. En general, el plazo es de 20 sesiones.

En el tratamiento de fobias, por ejemplo, se enfrenta el paciente con el objeto de su miedo exagerado. Si la fobia es a los perros, la persona que tiene miedo “desaprende” a temer al animal entrando en contacto directo con él.

Judith sugiere que el compulsivo por comida la enfrente como quien se expone a la fobia a los perros. La base de la terapia cognitivo-conductual, cuyos índices de éxito son altas, se remontan a las teorías del médico ruso Ivan Pavlov (1849-1936) y a las del psicólogo americano Burrhus Frederic Skinner (1904-1990), precursores del “behaviorismo”.

Pavlov formuló la tesis del reflejo condicionado, según la cual la repetición constante de un estímulo “enseña” al sistema nervioso a responder invariablemente de la misma forma. Su teoría fue elaborada a partir de estudios con perros que eran alimentados después que él daba una campanada.

Con el tiempo, Pavlov constató que bastaba con tocar la campana para que los animales salivaran.

Skinner, por su parte, llegó al concepto de condicionamiento operante por medio de experiencias con ratones de laboratorio. Cuando los roedores aplastaban un botón, una portezuela con comida se abría. Los ratones, finalmente, aprendieron que para comer era necesario presionar el botón. La diferencia entre el reflejo condicionado de Pavlov y el condicionamiento operante de Skinner es que el primero es una respuesta a un estímulo netamente externo (la campana que se toca, el perro que empieza a salivar), mientras que el segundo es el hábito producido por una acción extraña a la naturaleza del animal (el ratón que aplasta el botón para comer). En la terapia cognitivo-conductual, para simplificar, la campana y la portezuela serían los estímulos (o desestímulos) que destruyen la tendencia enfermiza, sea a través del enfrentamiento calculado del que tenga la fobia con el objeto del miedo o por medio del auto-elogio de quien se resiste a una comida grasosa.

Por ser un programa de entrenamiento psicológico, el libro Piense como delgado, es un manual sobre dieta sin ninguna receta alimenticia. Su autora no recomienda ni condena ningún alimento.

Ella dice que con una programación mental adecuada cualquier dieta razonable funciona permanentemente. La psicóloga comenzó a utilizar el método para el control de peso hace 20 años, en pacientes psiquiátricos que engordaban por causa de los efectos colaterales de medicamentos. Aunque la ansiedad integre la personalidad de casi todos los ansiosos, la terapia cognitivoconductual, al contrario del psicoanálisis, no sale en busca de los motivos que llevan a una persona a ahogar las penas en un plato de espagueti. Simplemente enseña cómo anular los pensamientos que engordan.

“Yo era de los que siempre hacía una pausa para picar. Cualquier cosa era motivo para dejar lo que estaba haciendo e ir por un sánduche”, cuenta una seguidora. Hace casi cuatro años, ella cambió su relación con la comida. Por medio de la TCC, consiguió regular sus elecciones, antes marcadas por la compulsión. Ahora, su palabra de orden es organización. Ella sabe exactamente qué y cuánto va a comer a lo largo del día y, obedeciendo a los dictámenes de la terapia, anota minuciosamente todas las comidas, incluso aquellos “piqueos extras”.

Perdió 31 kilos desde entonces y no los recuperó más. “Sólo de saber que tendrá que anotar los errores y los excesos alimenticios cometidos, la persona piensa dos veces antes de comer exageradamente”, dice el endocrinólogo Walmir Coutinho, vicepresidente de la Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad.

Judith mantiene desde hace 10 años el mismo peso –52,5 kilos distribuidos en 1,61 metros– gracias, según ella, a la terapia cognitivo-conductual. La ex gordita (pesaba ocho kilos por encima de su peso ideal) ahora piensa como delgada. Y reafirma que nadie se mantiene delgado sin ningún sacrificio dietético. Aun no hay estudios sobre las alteraciones en la química cerebral de quien practica la TCC para adelgazar, como ocurre con los pacientes depresivos que recurren a la terapia. Pero las investigaciones clínicas son reconfortantes. La más célebre fue llevada por investigadores suecos, con dos grupos –en 10 semanas, aquel que se sometió a la terapia perdió ocho kilos, promedio. Pasados 18 meses, el 92 por ciento de los participantes había adelgazado aun más. El grupo de control, que sólo hizo dieta, volvió a engordar después de un año y medio.

Doblegar la compulsión por comida es una de las tareas más difíciles. Para tener una idea de su grado de complejidad, la línea más reciente de investigaciones sobre los mecanismos de la obesidad la compara al vicio, ya que envuelve al sistema cerebral de recompensa. “En los obesos, el metabolismo cerebral es muy semejante al de los que tienen vicio por las drogas”, dice Iván de Araujo, neurofisiólogo e investigador de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, en Estados Unidos. En el cerebro de los gordos, por una deficiencia en la actividad del neurotransmisor dopamina, el grado de recompensa generado por la ingestión de alimentos es menor que en el de los delgados.

Para sentirse satisfechas, algunas personas necesitan comer más. Es probable que nuevos estudios muestren que el recondicionamiento para pensar como delgado transforma la química cerebral. No hay nada de mágico en eso. No hay ninguna asociación entre el libro de Judith y El Secreto, de la australiana Rhonda Byrne que sostiene que la autoayuda a través de la máxima “pensamiento positivo”, opera milagros.

Pensar como delgado demanda empeño y disciplina. Se necesita cultivar mejor las emociones y adquirir nuevos comportamientos.

La pérdida de peso no se da de la noche a la mañana. En situaciones más difíciles, para prevenir las recaídas, seguir el manual no es suficiente. Se vuelve necesario recurrir a un especialista. “En el combate contra el exceso de peso, hay mucho trabajo por delante. Vaya a la lucha”, dice Mônica Duchesne, terapeuta cognitivo-conductual y coordinadora del grupo de obesidad y trastornos alimenticios de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

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Interesante lectura, amigas desistí por varios motivos de la cirugia, ahora estoy enfocada a perder peso gradualmente y este lectura me resultó fantastica. Ya estaba entereda del metodo pero no tengo detalles específicos, ¿podrá alguna de uds. suministrarme una página web, un libro que se pueda comprar en Venezuela que hablen detalladamente del tema? Muchisimas gracias, soy vieja en el foro, perdi clave, alguna confusión e ingresé con otro usuario, un abrazo.
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MensajeTema: Re: Deje de pensar como GORDO   Sáb Mar 28, 2009 8:40 am

Hola me alegra que tomes la decision de poner todo lo de tu parte para mejorar tu vida encontre estas paginas que tratan de la terapia en si.

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Espero te sirva de ayuda alguna. flower
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